Cinco secretos que esconde la Catedral de Notre-Dame de París

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Hay edificios que simplemente se construyen y otros que terminan convirtiéndose en parte de la historia de un país. La Catedral de Notre-Dame de París pertenece, sin duda, al segundo grupo. Desde sus torres ha visto pasar reyes, revoluciones, guerras, multitudes de fieles, escritores, turistas y hasta una de las tragedias más televisadas de los últimos años. Pero detrás de su famosa fachada, sus enormes vitrales y sus misteriosas criaturas de piedra hay muchas historias que no siempre aparecen en las fotografías de recuerdo.

La Catedral de Nuestra Señora de París —su nombre en español— comenzó a construirse en el siglo XII, cuando la capital francesa era muy distinta de la ciudad que conocemos hoy, y desde entonces ha tenido una vida bastante movida. Ha sido transformada, dañada, restaurada, admirada y, en algún momento, incluso estuvo cerca de convertirse en una ruina. Para conocer un poco mejor a esta impresionante construcción gótica, vamos a descubrir cinco cosas que quizá no sabías de Notre-Dame.

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1. Su construcción duro 182 años

Cuando comenzaron las obras de Notre Dame en 1163, bajo el mandato del obispo Maurice de Sully, nadie podía imaginar que la catedral tardaría casi dos siglos en quedar terminada. Los constructores medievales trabajaban sin grúas modernas, maquinaria pesada ni computadoras que hicieran los cálculos por ellos, y aun así levantaron un edificio enorme utilizando piedra, madera y una buena dosis de ingenio. La mayor parte principal se levantó entre 1163 y 1260, a nave principal se terminó alrededor del año 1200, la primera aguja en 1250 y la obra finalizó oficialmente en el año 1345. Generación tras generación, arquitectos, canteros, escultores y obreros fueron dando forma al templo. De hecho, quienes colocaron las primeras piedras jamás pudieron contemplar la obra terminada: Notre Dame es, literalmente, una construcción que atravesó varias generaciones.

2. Sus gárgolas no son decoración

Si uno mira las alturas de Notre-Dame, encontrará toda clase de criaturas que parecen estar esperando a que llegue la noche para comenzar sus travesuras. Pero las famosas gárgolas tenían una función muy práctica: servían para conducir el agua de lluvia y alejarla de los muros de piedra. Las figuras monstruosas que tanto nos impresionan, sin embargo, tienen otra historia detrás. Durante la gran restauración del siglo XIX, el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc añadió nuevas esculturas y quimeras inspiradas en el imaginario medieval. Así que algunas de esas criaturas que hoy creemos antiquísimas son, en realidad, bastante más jóvenes que la propia catedral.

3. Un jorobado de novela ayudó a salvarla

En el siglo XIX, Notre-Dame no atravesaba precisamente su mejor momento. El edificio estaba deteriorado y algunas personas incluso consideraban que restaurarlo no valía la pena. Entonces apareció Victor Hugo con una novela que cambiaría para siempre la relación del público con la catedral. Nuestra Señora de París, publicada en 1831 y conocida en muchas versiones como El jorobado de Notre Dame, convirtió al templo en uno de los grandes protagonistas de la literatura. La popularidad de la novela ayudó a despertar el interés por conservar el edificio y contribuyó al impulso de una importante restauración. Dicho de otra manera: Quasimodo era un personaje ficticio, pero su historia tuvo consecuencias muy reales para Notre Dame. En el siglo XX, incluso la casa Disney hizo su versión de la novela.

4. Algunas de sus partes más famosas no son medievales

Aquí viene una pequeña trampa para quienes pensamos que todo lo que vemos en Notre-Dame tiene casi 900 años. La catedral original sí es medieval, pero durante su larga existencia sufrió modificaciones, deterioro y distintas restauraciones. La intervención del siglo XIX, dirigida por Viollet-le-Duc y Jean-Baptiste Lassus, fue especialmente importante y añadió o reconstruyó numerosos elementos. Entre ellos estuvo la famosa aguja que se elevaba sobre el techo, destruida durante el incendio de 2019. Por eso, aquella Notre Dame que millones de personas conocieron antes del incendio era una fascinante mezcla de arquitectura medieval y elementos creados o restaurados varios siglos después.

5. Notre-Dame volvió a levantarse después del incendio

El 15 de abril de 2019, un incendio comenzó en la parte superior de la catedral y provocó el derrumbe de la aguja y buena parte de la estructura del techo. Las imágenes dieron la vuelta al mundo: durante horas, las llamas iluminaron el cielo de París mientras miles de personas contemplaban, incrédulas, cómo ardía uno de los monumentos más famosos de Europa. Sin embargo, la historia no terminó aquella noche. La estructura principal, las torres y buena parte de los elementos históricos lograron sobrevivir, y comenzó una enorme labor de restauración.

La Catedral de Notre-Dame reabrió sus puertas en diciembre de 2024, demostrando que una catedral construida hace casi nueve siglos todavía puede escribir nuevos capítulos de su historia. Y quizá esa sea la verdadera sorpresa de Notre Dame: no estamos frente a un edificio congelado en la Edad Media, sino ante una construcción que ha cambiado junto con París y que, después de casi nueve siglos, sigue encontrando la manera de mantenerse en pie.