Esculturas prehispánicas colosales: ¿cuáles son las piezas más grandes que se han encontrado?

De todas las espectaculares piezas mexicas, mayas, toltecas, teotihuacanas y toltecas, ¿cuáles son las más grandes?

Antes de la llegada de los españoles, el territorio que hoy conocemos como México estuvo habitado por numerosos pueblos —llamados prehispánicos—, los cuales tenían religiones diversas y adoraban a un sinfín de dioses, diosas, deidades y criaturas fantásticas, y tenían varios modos de gobierno. En sus antiguas ciudades, que hoy conforman la red de zonas arqueológicas vigiladas por el el INAH, se encontraron diversas manifestaciones del culto a sus dioses y gobernantes en forma de esculturas colosales o monumentales, las cuales hablan de su habilidad como escultores y artesanos. Pero, de todas las que se han encontrado hasta hoy, ¿cuáles son las más grandes, las más altas, las más pesadas y las más voluminosas?

A continuación, un breve recuento de algunas de las esculturas prehispánicas gigantescas que nos asombran por sus dimensiones, su altura, su masa y, desde luego, por su enorme y pétrea belleza.

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Tlaltecuhtli

Cultura mexica
Peso: 12 toneladas
Dimensiones: 4.17 x 3.62 x 0.38 m
Origen: Casa de las Ajaracas, Centro, CDMX.

Es el monumento escultórico mexica más grande que se conozca hasta la fecha y se descubrió de manera fortuita en 2006 por el arqueólogo Leonardo López Luján, en la Casa de las Ajaracas del Centro Histórico de la CDMX, a unas cuadras de la Plaza de la Constitución y de lo que era el Templo Mayor de México-Tenochtitlan.

Según la mitología, Tlaltecuhtli vivía en los océanos, tenía forma de monstruo y poseía innumerables bocas, era mitad humana y mitad animal. Se exhibe en el vestíbulo del Museo del Templo Mayor.

Monolito de Chalchiuhtlicue

Cultura teotihuacana
Peso: 16.3 toneladas
Dimensiones: 3.16 x 1.65 x 1.65 m
Origen: Teotihuacan, Estado de México.

Se trata de la representación de la diosa de los ríos, lagos, lagunas y mares, y también esposa de Tláloc. Es una escultura labrada en roca andesita que fue hallada en torno a la Plaza de la Pirámide de la Luna, en la zona arqueológica de Teotihuacan, muy cerca del Palacio de Quetzalpapálotl. Se creía que era una mesa de sacrificios, pues como estaba enterrada sólo podía verse su parte superior, y se la conocía como la “Piedra del desmayo”, pues existía la creencia popular de que la gente caía desmayada al tocar la escultura. Se exhibe en la Sala Teotihuacán del Museo Nacional de Antropología.

Piedra del Sol (“Calendario Azteca”)

Cultura mexica
Peso: 24 toneladas
Dimensiones: 3.58 (diámetro) x 0.98 m
Origen: Plaza Mayor, Ciudad de México.

Se descubrió en 1790 en el lado sur de la Plaza Mayor de la Ciudad de México, aunque se duda que haya sido su posición original. A pesar de que se le llama “calendario azteca” no es calendario ni es azteca: fue creado por la cultura mexica —si quieres saber la diferencia, haz clic aquí— y representa el mito de los cinco soles, con el nahui ollin y el rostro de Tonatiuh, dios del Sol, en su centro. Asimismo, tiene grabada una fecha: 13 caña o 1479, año en que se estima que la pieza fue concluida. Es una de las piezas más pesadas encontradas hasta hoy y una de las principales atracciones de la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología.

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Cabeza colosal #1 “El Rey”

Cultura olmeca
Peso: 18-20 toneladas
Dimensiones: 2.85 x 2.11 x 0.87 m
Origen: San Lorenzo Tenochtitlán, Ver.

La más imponente de estas enormes y famosas cabezotas olmecas no podría quedarse fuera de este conteo. En realidad no hay mucha información de la cultura olmeca, pues vivió muchos siglos antes de nuestra era, casi sin dejar registros escritos, pero sabemos que son esculturas de antiguos gobernante. Esta pieza fue descubierta por Matthew Stirling en 1946 y ha sido llamado “El Rey” en virtud de su aspecto majestuoso y por ser la cabeza más alta de San Lorenzo. En ella se observan rasgos étnicos mesoamericanos —nariz ancha, labios gruesos y ojos rasgado— y rasgos estéticos de acuerdo con los cánones de esa época: ojos bizcos, cráneo deformado y orejeras. Se exhibe en el Museo de Antropología de Xalapa.

Atlantes

Cultura tolteca
Peso: 8 toneladas cada uno.
Dimensiones: Aproximadamente 4.5 metros de altura y 1 metro por lado.
Origen: Tula, Hidalgo.

Estas alargadas esculturas que constan de cuatro partes ensambladass, eran las columnas originales de la Pirámide B o Templo de Tlahuizcalpantecuhtli —que era una de las encarnaciones del dios Quetzalcoátl para los antiguos toltecas— en la antigua ciudad de Tollán o Tula.  Se trata de las esculturas prehispánicas más altas que siguen en pie y aunque muchos han querido ver en ellos a extraterrestres o viajeros espaciales, en realidad portan las armas y los atavíos de los guerreros toltecas: tocado cilíndrico, pectoral en forma de mariposa, el tezcacuitlapilli o disco dorsal decorado con serpientes de fuego y armas como el lanzadardos, un arma curva de madera, dardos y un cuchillo; además, el atlante porta un maxtlatl o taparrabos, sandalias decoradas con serpientes y orejeras rectangulares.

Coyolxauhqui

Cultura mexica
Peso: 8 toneladas
Dimensiones: 2.98-3.26 (​​​​​​diámetro)
Origen: Templo Mayor, Ciudad de México.

Fue tallada por los mexicas hacia el año 1469 y representa a la diosa de la Luna tras haber sido despeñada y desmembrada por su hermano, el dios de la guerra Huitzilopochtli. Fue hallada de forma accidental por personal de la extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro, mientras se encontraban haciendo excavaciones en la zona, y fue el arqueólogo Felipe Solís quien la identificó como Coyolxauhqui. Su hallazgo derivó en la creación del Proyecto y el Museo del Templo Mayor, donde se exhibe como una de las piezas principales.

Monolito de Tláloc

Cultura mexica
Peso: 168 toneladas
Altura: 7.0 x 4.41 x 3.92 m
Origen: San Miguel Coatlinchán, Estado de México.

Este es, sin dudas, el monolito escultórico más voluminoso y pesado que se ha encontrado hasta hoy. Se exhibe en la esquina de Paseo de la Reforma y Gandhi, justo a las afueras del Museo Nacional de Antropología. El día que fue traído de su lugar de origen —donde el Ejército tuvo que intervenir, porque los del pueblo salieron con machetes a defender lo suyo—, un terrible aguacero azotó la Ciudad de México: la gente creyó que Tláloc hacía sentir su furia, aunque algunos expertos aseguran que en realidad se trata de su esposa, Chalchiuhtlicue.